50 horas hasta Las Vegas.
El trayecto a Las Vegas ha sido probablemente el más agotador que he hecho en mi vida, y he viajado bastante. De estos que te quitan las ganas de volver a salir de casa.
Todo empezó el domingo por la mañana. Tras las 2 horas típicas de espera para volar a EEUU, embarcamos. El viaje es Valencia – NY, NY – Las Vegas. Una vez el avión despega, me tomo is somníferos (apenas había dormido la noche anterior) para ir cambiandome el horario y acortar la duración del viaje. Total, una vez despegas ya nada va a impedir que llegues a tu destino, o mueras, así que dormir las 8 horas del viaje es el mejor plan. Me coloco mi alomohada, gafas y tapones, y procedo a intentar dormir. Además, con el asiento de emergencia que había solicitado comodísimo, porque con mi metro noventa, los asientos normales son una pesadilla.
Empiezo a oir voces cuando me estoy quedando frito. Veo que no llevamos ni 20 minutos volando. El capitán dice algo de parar. Yo no se si estoy soñando, pero descubro a los pocos minutos que no. Había un ave en un motor (si, no es broma!) y aterrizamos en Madrid. Yo, completamente zombi con los somníferos paso unas de las peores horas de mi vida hasta que nos dicen que hasta el día siguiente no salimos de nuevo, y nos llevan a un hotel. Inevitablemente, me duermo toda la tarde/noche por el efecto de las pastillas. Me levanto a primera hora fresco como una rosa, y tras otras 2 horas de colas en el aeropuerto, salimos hacía NY.
Dormir en este vuelo, después de lo ayer y con el asiento claustrofóbico (no me dan el asiento de emergencia) es imposible. Aún así, solo se me hace angustiosamente largo, ya que mi estado mental es todavía aceptable. Veo una peli, como un par de veces y leo un rato. Cuando 8 horas después llegamos a NY empiezo a estar agotado, pero todavía bien.
Aquí ya empieza lo malo. Cola brutal para el pasaporte que hace que casi perdamos en enlace. Nos toca ir corriendo, y dejamos las maletas en la puerta de embarque de Delta, donde nos dicen que no hay ningún problema. Embarcamos y paso las peores 5 o 6 horas de mi vida hasta Las Vegas, en un asiento diminuto, con el aire tan fuerte que estaba tiritando y con 2 niños pequeños llorando justo en el asiento de atrás, que hacían imposible dormirse hasta con tapones. Las piernas me empiezan a dar calambres. De verdad que lo ví todo muy agónico, porque tampoco era capaz de leer.
Cuando al borde del suicidio llegamos a Las Vegas, pienso por un momento que quizá no tengamos reserva en el Río, porque debíamos haber llegado ayer, ya que las 24h de retraso por el pollo que se metió en el motor no estaban e nel planning. Puesto que caí inconsciente esa tarde, ni se me pasó por la cabeza llamar al hotel para confirmar. No es tan grave, pienso: Recoger las malesta, ir al Río y si no tienes habitaciones, más paseo y a buscar otro hotel. Total, de colas y esperas ya tenía un master a estas alturas.
El fallo de mi plan llega a la hora de recoger las maletas, claro. Las han perdido. Al no salir las maletas (después de casi 1h más esperando obv) vamos a preguntar por ellas. Y entonces se me ocurre pensar que no tengo hotel confirmado para que las envien. Después de casi 2 días de viaje, este creo que fue el punto de mayor colapso. La chica de Delta, al explicarle la situación y enterarse de que llegábamos 1 día tarde por el incidente con su vuelo, llamó a los hoteles y nos confirmó la reserva del Río, además de enviarnos las maletas (que llegaron esta madrugada).
Y bueno, esto (junto con literalmente 1 hora y cuarto en la recepción del hotel para conseguir que nos dieran la habitación, todavía no se por qué) hizó que llegase al hotel tan completamente extenuado que me duche y me acosté sin cenar.
Hoy, un poco mejor. He decidido jugar el 1D, aunque corra el riesgo de quedarme sin plaza. Si no me recupero del agotamiento del viaje, el jet lag me va a matar.
